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ECOLOGIA HUMANA: Retos globales y conciencia planetaria

ECOLOGIA HUMANA 

Retos globales y conciencia planetaria 

Amado Ríos Valdez

El Cambio Climático es un hecho, no una opinión. Las evidencias científicas acumuladas en los últimos 50 años así lo demuestran, solo la necedad y la avaricia de Mister Trump y las empresas y credos que lo sostienen pueden pretender negar la realidad.

No obstante estos obstáculos, el resto de los países avanzamos en los acuerdos globales ante los retos del cambio climático.

Por ello México fue el segundo país en el mundo en contar con una ley específica, el primero en enviar sus compromisos de reducción voluntaria a la Organización de las Naciones Unidas y el pasado mes de septiembre del 2016 reconoció el trabajo de las personas comprometidas del sector ambiental para ratificar el Acuerdo de París sobre Cambio Climático.

El Acuerdo de París contiene los compromisos concretos de todos los países para hacer frente al cambio climático y el calentamiento global. Es un acuerdo que fue negociado a lo largo de cinco años.

Es uno de los grandes éxitos de la cooperación multilateral de este siglo. La ratificación de este tratado internacional por parte de la mayoría de los Estados, incluyendo a los grandes emisores (del cual se excluyó recientemente EUA) en tiempo récord, reflejó la voluntad compartida de actuar con urgencia y lograr la meta fijada, que es evitar un calentamiento global superior a 1.5 grados centígrados.

Tenemos un planeta, pequeño para el universo, grande para nosotros; pero en cualquier caso, único. Un planeta magnífico, que nos ofrece los recursos necesarios para la vida y que nos permite moldearlo y utilizarlo, pero que es único, finito y frágil. No tenemos otro, es nuestro hogar. Pero está seriamente amenazado.

La escasez de agua de calidad provoca enfermedades cada vez más comunes como la disentería, el cólera o el tifus. El problema afecta especialmente a niños, mujeres y ancianos.

La diarrea ocasionada por beber agua en mal estado es la primera causa de mortalidad infantil en los países en desarrollo, por delante de enfermedades como el sida o la malaria.

4.000 niños mueren al día por pobreza hídrica en el mundo. La ONU estima que unas 42.000 personas fallecen cada semana en todo el planeta, debido a un agua de baja calidad y a la ausencia de un sistema de saneamiento adecuado. Más de 2 millones de personas mueren cada año en el planeta por causas relacionadas con la contaminación atmosférica.

Los cálculos del Panel Intergubernamental para Cambio Climático señalan que para 2100 la temperatura de la superficie planetaria se incrementaría entre 3.7 y 7.8 grados centígrados, es decir, tres grados más del peor escenario posible estimado por ese grupo en su reporte de 1990. Pero no es necesario esperar un siglo para vivir los efectos del calentamiento del planeta.

Un reporte de la NASA, publicado el 12 de mayo pasado, señala que la contracción de los glaciares en la Antártida occidental ya cruzó el punto de quiebre y éste ahora es irreversible e imparable.

El exponencial crecimiento demográfico de la especie humana, que en los últimos 150 años ha elevado de 1000 millones a más de 7500 millones de habitantes, una presión constante sobre los recursos del planeta.

Sin embargo, son los otros dos incrementos, el económico y el tecnológico, los que entran en conflicto más frontalmente con el futuro de la vida en la tierra. El crecimiento económico ha supuesto, no obstante, esquilmar los recursos del planeta a un ritmo superior al derivado del aumento poblacional.

La evolución de nuestras tecnologías nos ha proporcionado las herramientas necesarias para una mayor destrucción, pero somos nosotros, todos nosotros, los que elegimos la  destrucción.

Somos los primeros humanos en la historia que respiran 400 partes por millón de CO2. Vivimos en una sociedad consumista que paradójicamente produce más de lo que consume, y al mismo tiempo, permite que millones de personas padezcan hambre. Actualmente los seres humanos tiramos a la basura el 35% de los alimentos producidos.

Para sostener este ritmo de consumo en los siguientes decenios, necesitaremos más de un planeta, 1.5 planetas tierra para ser más precisos.

En Chiapas tenemos, como en todo el país, estas mismas amenazas. Las selvas y bosques, los ríos y mares son amenazados por nuestra actividad y consumo irrefrenable. Las áreas naturales protegidas, son amenazadas seriamente y por quienes quieren destruirlas a cambio de un beneficio fácil e inmediato, y a costa de los últimos reductos de biodiversidad, capital natural, fuente de conocimiento y pulmones de nuestro planeta.

Pero no es este un futuro apocalíptico, tenemos alternativas que hemos ido construyendo.

La inteligencia humana, su mayor característica y su ventaja competitiva respecto de las demás especies, junto con el instinto de conservación, nos impulsan a generar tecnologías, actividades, prácticas, que permiten producir energía limpia para todas las actividades posibles: el transporte, la producción industrial, la producción agrícola y pecuaria, las actividades del hogar, el entretenimiento, la educación, etc. Tenemos alternativas para producir alimentos para todos los seres humanos, alimentos sanos, nutritivos y sin contaminantes.

Tenemos alternativas para generar menos residuos sólidos y menos residuos peligrosos. Tenemos tecnologías para no contaminar el agua, y para hacer potable el agua contaminada, para llevar el agua limpia y potable a todos los habitantes del planeta.

Ahí están las soluciones que hemos generado con nuestra inteligencia y solo hace falta que con esa misma inteligencia las pongamos en práctica, no como una moda, no como una dádiva, sino como una necesidad imperante en todas y cada una de nuestras actividades.

Aspiro a que las generaciones futuras vean a la nuestra, como la que tuvo la capacidad de detener y revertir una tragedia planetaria y le dio viabilidad y futuro a la vida humana y a muchas otras formas de vida en la tierra.

Aspiro a que nos vean como la generación que cambió su  forma de hacer y de pensar del inmediatismo y el egoísmo, a una forma de hacer y de pensar con compromiso planetario, con solidaridad transgeneracional y global, con visión de largo plazo. A que nos vean como la generación que cambió su visión sectaria y localista o nacionalista por una visión y una conciencia planetaria, que reconozca nuestro papel y nuestra responsabilidad en el desarrollo de la vida en nuestro planeta.

En palabras de Carl Sagan en su libro “Un punto azul pálido. Una visión del futuro humano en el espacio”: “La Tierra es el único mundo conocido hasta ahora que alberga vida.

No hay ningún otro lugar, al menos en el futuro próximo, al cual nuestra especie pudiera migrar. Visitar, sí. Colonizar, aún no. Nos guste o no, por el momento la Tierra es donde tenemos que quedarnos.

Se ha dicho que la astronomía es una experiencia de humildad, y formadora del carácter. Tal vez no hay mejor demostración de la locura de la soberbia humana que esta distante imagen de nuestro minúsculo mundo.

Para mí, subraya nuestra responsabilidad de tratarnos los unos a los otros más amable y compasivamente, y de preservar y querer ese punto azul pálido, el único hogar que siempre hemos conocido.”

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