Por Amado Ríos Valdez                                                            

La economía verde no se refiere a una visión partidaria o electoral del desarrollo económico, sino que es una denominación que se adoptó hace años por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para designar a una propuesta de desarrollo basado en la sustentabilidad, las bajas emisiones a la atmósfera, aprovechamiento racional del agua, los bosques y los suelos.

Contrariamente a lo que se ha señalado por parte de los que se resisten a este cambio necesario, la economía verde no es una posibilidad o un privilegio que solo puedan llevar a cabo los países ricos, es precisamente para los países pobres o en desarrollo (como se les llama también con eufemismo), para los cuales la economía verde es la mejor posibilidad de un desarrollo sostenido y de largo plazo.

Chiapas es precisamente un estado que puede desarrollarse con base en sus condiciones y su capital natural y dejar de importar modelos desgastados y que solo lo han dejado o hundido en  una mayor pobreza. Chiapas ha aplicado un modelo de desarrollo depredador de sus recursos naturales durante los últimos 90 años que solo ha agotado su capital natural y ha dejado en la misma pobreza, o incluso mayor, a su población. El agotamiento de sus recursos naturales no ha impulsado su desarrollo ni ha sido palanca para la mejora de calidad de vida la población.

Hoy en día, después de 90 años del modelo denominado por la ONU como “economía marrón” (basado en el uso intensivo de los combustibles fósiles y el agotamiento y la degradación del capital natural), Chiapas tiene 70% menos bosques y selvas, tiene la mayoría de sus ríos contaminados por las descargas de aguas residuales sin ninguna clase de tratamiento y por los agroquímicos utilizados con intensidad, en gran parte del Valle Central podemos observar signos evidentes de erosión y procesos acelerados de desertificación y en muchas otras regiones los suelos están agotados y su sobreexplotación se incrementa con base en los agroquímicos, los procesos de defaunación (pérdida de fauna) van de la mano con la deforestación y la apertura de nuevas áreas para agricultura y ganadería.

Hay una frase muy famosa que por igual se atribuye a Albert Einstein que a Benjamín Franklin y dice que “la definición de la locura es hacer la misma cosa una y otra vez esperando obtener diferentes resultados”. Está claro que por el camino que hemos transitado en los últimos 90 años no han habido buenos resultados y seguir repitiendo el mismo modelo esperando “ahora si”despegar es un síntoma inequívoco de locura, así como de un mínimo de autocrítica.

El modelo alternativo, el de “crecimiento” o “economía verde”, cambia el enfoque para dar un sitio preponderante no sólo a la economía, sino también a las dimensiones social y ambiental. Su intención se ha enfocado en alentar el crecimiento económico con una mayor inclusión social y con una mejor calidad ambiental, reconociendo que el medio ambiente y el capital natural son piezas fundamentales para garantizar la sustentabilidad de la producción actual y la de las generaciones futuras.

México se ha planteado recientemente enverdecer su camino hacia el desarrollo sustentable a través de políticas públicas que, además de buscar el cuidado del medio ambiente, promuevan el aumento de la productividad y detonen el desarrollo económico, consiguiendo así una economía baja en carbono que además maneje adecuadamente sus recursos hídricos y detenga la pérdida de la biodiversidad.

Todo lo anterior deberá contribuir, y no dejar de lado, el objetivo primordial de reducir los niveles de pobreza e incrementar el bienestar y la calidad de vida de todos los mexicanos.

Para la economía verde, el capital natural es la base de la actividad económica y el bienestar humano. Su conservación es un requisito indispensable para conseguir la sostenibilidad de la producción actual y futura. En este sentido, busca prevenir el agotamiento y la degradación de la base de los recursos naturales, así como minimizar los impactos ambientales asociados a su extracción y procesamiento, de tal modo que permitan también reducir la calidad ambiental y los impactos a la salud humana y de los ecosistemas.

Significa un sistema económico en equilibrio con el mundo natural que modifique las fases del metabolismo social que degradan el capital natural tanto en sus funciones de fuente de recursos como en las de sumidero de desechos, que aproveche fuentes renovables de energía distintas a los no renovables combustibles fósiles y que cierre los ciclos de los materiales, es decir, que haga posible que los residuos se conviertan una vez más en recursos y que evite el progresivo deterioro del entorno.

Chiapas todavía conserva una buena base de capital natural y puede trabajar intensamente para recuperar sus sitios degradados para que vuelvan a ser productivos.

Si está hoy en los últimos lugares del desarrollo nacional no se debe a falta de capital natural, ni a falta de recursos económicos, ya que de acuerdo con una investigación en la que participó el Dr. Jorge López Arévalo de la UNACH “en los últimos 24 años Chiapas recibió una inversión pública de 57 mil 911.5 millones de dólares, pero la pobreza creció” de acuerdo con el informe “Desigualdad y exclusión social en Chiapas, una mirada a largo plazo”, presentado por organizaciones y académicos, presupuesto similar al invertido en el famoso “Plan Marshall” que se aplicó para la reconstrucción en los países de Europa que fueron devastados por la Segunda Guerra Mundial, y ya vemos ahora cómo están Alemania, Francia, Inglaterra y Bélgica, por mencionar solo algunos.

Un país latinoamericano que puede ser una referencia cercana en el modelo de Economía Verde (no es que ya lo haya logrado, sino que está en el camino), es Costa Rica. Costa Rica tiene condiciones naturales muy similares a las de Chiapas en temperatura, ecosistemas y biodiversidad, sin embargo tiene menor territorio que todo Chiapas (Costa Rica tiene 51,100 km2, mientras que Chiapas tiene 73,211 km2) y tiene menor población (Costa Rica tiene 4.90 millones de habitantes y Chiapas tiene 5.20 millones de habitantes), sin embargo, el producto interno bruto (PIB) de Costa Rica es mayor al de Chiapas (en Costa Rica el PIB anual nacional es de $83,994 millones de dólares y de $ 16,920 dólares anuales per capita; en Chiapas el PIB anual es de 13,150 millones de dólares y de $2,554 dólares anuales per capita).

Como se sabe una de las industrias que han impulsado con mayor énfasis en Costa Rica es la del Ecoturismo. Tienen selvas, bosques, montañas, playas, volcanes, y en todos ellos hay actividades ecosturisticas para aprovecharlos de manera sustentable.

No decimos que no haya problemas y dificultades, sin duda las hay, pero están en el camino correcto: fundar su desarrollo en sus propias capacidades y su capital natural.

Chiapas tiene, vale decirlo, muchas más posibilidades que Costa Rica y puede alcanzar niveles de desarrollo mayor. Además de una gran variedad de ecosistemas (selvas, manglares, bosques templados, bosques de niebla, mares y costas, esteros y lagunas, lagos interiores, etc), tiene algo que no tiene Costa Rica, una ventaja esencial: una riqueza arqueológica, historia ancestral representada en múltiples monumentos y sitios históricos, una rica historia colonial y mejor aún culturas vivas que conservan sus tradiciones.

El potencial de Chiapas en la economía verde es mayor, mucho mayor al de Costa Rica, tal vez si miramos hacia lo que tenemos y lo que somos podríamos proponer un desarrollo nativo, real y emanado de nuestras propias cualidades.