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Columna: ECOLOGÍA HUMANA

Planificación ambiental y desastres naturales

Por: Amado Ríos Valdez                                    

El reciente terremoto de 8.2 grados en escala de Richter ocurrido en México, con daños mayores en Chiapas y Oaxaca, nos ha recordado dramáticamente la vulnerabilidad de la vida humana ante la fuerza de la naturaleza. Hasta ahora los daños económicos se siguen calculando, pero han quedado destruidas casas, hospitales, escuelas, iglesias, monumentos históricos, carreteras, etc, lamentablemente 65 personas perdieron la vida y cientos resultaron heridas. Los terremotos, las erupciones volcánicas, los maremotos o tsunamis, los huracanes, etc, son una manifestación de la dinámica natural del planeta y ante ellos nada podemos hacer. Existirán siempre y habremos de adaptarnos a ellos.

Los huracanes ciertamente se podrán incrementar en intensidad y en frecuencia como consecuencia del calentamiento global y ante ello si tenemos responsabilidad los humanos. El incremento promedio de la temperatura del planeta propicia la mayor formación de huracanes pues estos se alimentan del calor en los océanos. Entre mayor temperatura en los mares mayor probabilidad de formación de huracanes.

Los fenómenos naturales existirán siempre, pero que se conviertan de desastres humanos sí depende de nuestras decisiones. La ubicación de la infraestructura que construimos, las casas, escuelas, hospitales, etc, depende de decisiones humanas y son una variable controlable por nosotros. Ahí radica la posibilidad de evitar desastres humanos ante fenómenos naturales.

La planificación urbana y el ordenamiento ambiental o ecológico de los territorios son la única posibilidad que tenemos para evitar que los fenómenos naturales causen pérdidas humanas y a la infraestructura. La clave es ubicar la infraestructura, de cualquier tipo, desde casas habitación particulares hasta obra pública de gran envergadura en los sitios y en la cantidad adecuada, en donde los suelos y los ecosistemas lo permitan. Esto que parece de una obviedad elemental no es el común de lo que hacemos a la hora de construir pues las decisiones por cuestiones políticas, por ambiciones personales o por presiones sociales son el común denominador.

Parece absurdo que sigamos construyendo junto a los ríos y en las áreas susceptibles de inundaciones, junto a laderas inestables o que sigamos deforestando laderas de cerros para sembrar o constituir vivienda. Una lección trágica de este despropósito se vivió en Chiapas con el huracán Stan en octubre de 2005. Alrededor de 1500 muertes y cientos de casas, escuelas, comercios, caminos y carreteras destruidos en las regiones Soconusco y Costa, los daños fueron calculados en 1,100 millones de dólares ( es decir 19,800 millones de pesos al tipo de cambio actual). Pero lo que es más grave aún es que se vuelven a construir casas y comercios en las zonas de influencia de inundaciones en la costa de Chiapas.

Es lamentablemente una lección no aprendida que volverá a golpearnos irremediablemente en un nuevo huracán. En esta temporada de huracanes 2017 se espera que se formen 24 tormentas en el Pacífico y 21 en el Atlántico, y aun se espera que golpeen territorio mexicano algunos de ellos en los meses de septiembre y octubre. Pero si la tragedia no nos visita este año será el siguiente o el siguiente.

No es que sea ave de mal agüero, es que las probabilidades matemáticas así lo indican: si te colocas en zonas de riesgo y los eventos catastróficos se incrementan, aumentan igualmente las posibilidades de catástrofes humanas. La planificación ambiental nos indica que debemos de ubicar la infraestructura donde los efectos de las inundaciones y los desbordes de los ríos sean mínimos o nulos.

El costo de los desastres humanos y las pérdidas de infraestructura por los fenómenos naturales es muy alto para el país. El Centro Nacional de Prevención de Desastres (CENAPRED) informó que el costo de los desastres naturales en México en el 2013 fue de 61 mil millones de pesos (mdp) -4 mil 776 millones de dólares (mdd)– producto de la sumatoria de todos los fenómenos ocurridos en el año.

Un estudio elaborado por la Oficina de la ONU para la Reducción de los Riesgos por Desastres, titulado “Evaluación global de reducción de riesgos por desastres 2015”, ofrece datos desagregados por países, y para el caso de México calcula que los terremotos generan el mayor costo asociado con un desastre, con un promedio anual de 1,354.65 millones de dólares.

Para México siguen en costos las inundaciones (870.08 millones de dólares); los vientos originados por ciclones (613.02 millones de dólares); las tormentas (103.05 millones de dólares); y los tsunamis (1.49 millones de dólares).

El informe destacó además que del 2005 al 2014, los

 desastres naturales han causado en México la muerte de cuatro mil 968 personas, así como la destrucción de 2.54 millones de viviendas, y daños adicionales a 191 mil viviendas.

En total, estos desastres han afectado a 87.62 millones de mexicanos. En términos globales, el documento calculó que los desastres generan pérdidas anuales de entre 250 mil y 300 mil millones de dólares, lo que genera una presión adicional para las finanzas de los países.

La temporada de huracanes 2017 ha tenido hasta ahora una afectación que equivale a 115 mil millones de dólares (USD) con la pérdida de vida de 64 personas, la mayoría en Estados Unidos, a la espera aún de los reportes finales del paso de los huracanes Irma y José, en curso todavía.

En Chiapas el terremoto del jueves 7 de septiembre generó daños hasta ahora -de acuerdo con los reportes del Gobierno del Estado- a 84 de los 122 municipios y 12 personas fallecidas, aunque se siguen haciendo recorridos para verificar y cuantificar las afectaciones.

El Gobierno de la República, junto con el Gobierno del Estado, han decidido la Declaratoria de Desastre para los 122 municipios y eso permitirá acceder a recursos inmediatos para la reparación y reconstrucción de la infraestructura dañada.

Habrá muchas que deban de ser derruidas definitivamente, habrá las que puedan rehabilitarse. Una vez que se hayan concluido la evaluación total de los daños, comenzará la reconstrucción. Hoy ocupa que nos volquemos a ayudar a las personas que resultaron damnificadas y acudamos a los centros de acopio que se han instalado en la oficinas del DIF estatal para donar lo necesario para su pronta recuperación.

Después hay que hacer una seria reflexión y aprovechar la coyuntura abierta en el ánimo político y de la sociedad para impulsar la necesaria planificación urbana y el ordenamiento ecológico del territorio.

La legislación ambiental federal lo permite y promueve a través de la Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente y su Reglamento en materia de Ordenamiento Ecológico, en la que se facultan a los Gobiernos Estatales y a los Gobiernos municipales a formular y decretar los Ordenamientos ecológicos estatales, locales y regionales; así como el Artículo 115 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos que faculta plenamente a los municipios para la regulación y el ordenamiento urbano.

En Chiapas se cuenta con un Ordenamiento Ecológico Estatal y algunos locales, sin embargo no son conocidos más allá de los especialistas y las dependencias de gobierno directamente involucradas en su uso.

Es momento propicio de aprovechar para difundir masivamente los ordenamientos ecológicos en Chiapas, incorporar las zonas de riesgo por fenómenos naturales y hacer una revisión exhaustiva de ellos para actualizarlos, para hacerlos herramientas útiles y de uso popular y cotidiano para la construcción y ubicación de cualquier tipo de infraestructura, para que sean herramientas preventivas y se minimicen las afectaciones a vidas humanas e infraestructura. Un estado pobre como Chiapas no puede permitirse el lujo de perder en unos pocos eventos catastróficos lo poco que se logra construir, no se puede permitir que los esfuerzos de las familias por construir su patrimonio se pierda en un evento como el reciente terremoto.

Todo lo que invierta en planificación, Ordenamiento Ecológico y prevención es poco para lo que puede evitarse. Cada evento catastrófico nos deja más pobres si permitimos que se siga construyendo más infraestructura donde no le corresponde por condiciones naturales. Los fenómenos naturales no podemos evitarlos, los desastres humanos si. Esa es nuestra responsabilidad.

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