Desastres naturales: erosión e inundaciones

Amado Ríos Valdez

El terremoto del 7 de septiembre del presente año nos ha llamado la atención sobre los efectos de la erosión de los suelos y la deforestación en los deslizamientos y derrumbes de laderas. Además de los miles de casas, escuelas, hospitales, comercios, edificios públicos, etc, este terremoto dejó decena de carreteras, caminos secundarios y rurales muy afectados por los deslizamientos, agrietamientos  y socavones.

En todos los casos los deslizamientos están vinculados a procesos de deforestación en las orillas de las carreteras y caminos. Los costos económicos de la reparación de estos daños aún están calculándose, pero serán multimillonarios sin duda. Realizando recorridos por el estado hemos podido constatar personalmente que en los sitios donde se conserva la vegetación sin alteración, no se deslizó o derrumbó el suelo, y precisamente a un lado, donde se eliminó la vegetación forestal con anterioridad, sí se derrumbó.

Una precisión gráfica de los efectos negativos de la deforestación y la erosión de los suelos.

Se estima que en Chiapas el 60% de los suelos están erosionados, es decir, han perdido total o parcialmente la capacidad natural de sostener un ecosistema vivo.

Los cambios de uso del suelo de su vocación natural, que es bosque, a otro uso, han generado la pérdida de casi 3 millones de hectáreas. De acuerdo con el artículo de la Dra. Silvia Ramos Hernández para el libro “La biodiversidad en Chiapas.”, titulado “Erosión, degradación de suelos y sustentabilidad”: “…de acuerdo a los datos del inegi (2000), los porcentajes de las áreas transformadas en zonas de pastizal representan 22.30 % de la entidad (1 665 205.43 ha), las áreas para la agricultura de temporal ocupan 17.13 % (1 279 524.86 ha) y para la agricultura de riego, 1.45 % (108 223.12 ha), lo que da una idea de los cambios y transformación de los suelos de vocación forestal a otros usos, dejando tras de ello un gran impacto ambiental por las extensas áreas erosionadas, particularmente de áreas de ladera.” Las estimaciones de pérdida de suelo, nos dice el mismo artículo de la Dra. Ramos deducen que ”se pierden anualmente poco más de 200 millones de toneladas de suelo fértil por erosión hídrica en sus diferentes manifestaciones y se disminuye 35 % de la productividad de sus suelos en 80 000 hectáreas cada año.”

Las presiones sociales y económicas para transformar el bosque en terrenos para agricultura y ganadería son la principal causa de estos procesos erosivos. Los dueños de los predios, sean de propiedad particular o social (ejidos, comunidades, cooperativas), tienen derechos sobre su uso y disfrute, bajo esta lógica, y si fuera lo único que hay que tomar en cuenta para el uso del suelo, tienen pleno derecho para definir qué uso le dan a su tierra.

No obstante la Constitución y las leyes secundarias establecen límites a esta determinación. Existen las causas de interés público, que establecen como prioritarias las causas de la Nación y ponen por encima del interés particular, el interés nacional y colectivo.

En este tenor se debería reconocer como causa de interés público la conservación de los suelos y evitar la transformación de los bosques a usos agrícolas o pecuarios en terrenos con más de 40% de pendiente, y permitir el uso de los ya transformados solo si se aplican métodos de conservación de suelos y agua y prácticas agrosilvopastoriles.

La erosión de los suelos en las partes altas está intrínsecamente asociada con las inundaciones, el azolvamiento de los ríos y sistemas lagunares y la pérdida de productividad pesquera de estos últimos. De acuerdo con la tesis doctoral del Dr. Samuel Pérez Nieto, para el Colegio de Posgraduados de la Universidad Autónoma de Chapingo, titulada “Erosión hídrica en cuencas costeras de Chiapas y estrategias para su restauración hidrológico-ambiental, 2013”, el cambio de uso del suelo de los bosques para usarlo para agricultura y ganadería en las partes media y media-baja de la Sierra Madre de Chiapas, aunado con las pendientes pronunciadas y un suelo impermeable, dieron origen a los cuantiosos daños ocasionados por los fenómenos hidrometeorológicos de 1998 y del huracán Stan en octubre de 2005.

En esta tesis se analizan las cuencas de los ríos Huixtla, Huehuetán y Coatán, que bajan de la Sierra Madre, fundamentalmente en los terrenos de la Reserva de la Biosfera El Triunfo, en el área protegida estatal Pico de Loro-Paixtal y en parte de la Reserva de la Biosfera del Volcán Tacaná; se señala a su vez que el cambio de uso del suelo para actividades agrícolas y ganaderas en suelos que no son aptos para estas actividades, dieron la pauta para que los suelos se deslizaran y se erosionaran de manera muy agresiva por la acumulación de lluvia, los suelos se saturaron y el Huracán Stan con su caudal de lluvias por encima de lo normal causaron unos “valores de tasa de erosión, para noviembre de 2005, cuando recién había ocurrido el ciclón tropical Stan, de más de 40 % (41.37% para la Cuenca delRío Huixtla, 50.79 % para la del Río Huehuetán y 59.87 % para la del Río Coatán), en el rango último del sistema de clasificación de la FAO de muy severa con más de 200 t×ha- 1×año-1, que implicaron generar las tres categorías siguientes para discretizar este rango: muy severa (de 200 a 500 t×ha-1×año-1), extrema (500 a 1,000) y extraordinaria (más de 1,000); y aun para este caso, en el último rango, se ubicó 13.75 %, 20.39 % y 16.95 % de la superficie de las cuencas de los Ríos Huixtla, Huehuetán y Coatán, respectivamente, que se pueden considerar como los más altos del país.”

En cualquier caso debemos de considerar que la deforestación y la consecuente erosión de las partes altas y medias de la Sierra Madre, de las montañas de la zona norte y de los altos, son la materia prima para posteriores eventos de deslizamientos y derrumbes de tierra, azolvamientos e inundaciones de localidades cercanas a ríos, arroyos y sistemas lagunares, así como la paulatina pérdida de productividad de las lagunas costeras.

Este último fenómeno tiene una incidencia negativa sobre decenas de miles de personas que dependen económicamente de la pesca de litoral y de estero (que son el 99% de la pesca en Chiapas). El azolvamiento y el arrastre de agroquímicos como plaguicidas y fertilizantes -que se usan indiscriminadamente en estas regiones- produce un efecto de eutroficación y de acumulación de metales pesados y de compuestos nitrogenados y fosforados, además por supuesto de la reducción paulatina pero inminente de la profundidad del agua (que implica el gasto millonario aual para dragar los sistemas lagunarios y mantener la profundidad para la navegación y la pesca).

De acuerdo con el Servicio Meteorológico Nacional, en esta temporada de huracanes 2017 se pronostica que se formen 24 tormentas en el Pacífico y 21 en el Atlántico, y aun se espera que golpeen territorio mexicano algunos de ellos en los meses de septiembre y octubre.

Los sistemas de alerta temprana y la educación para la prevención y la acción en casos de huracanes nos debe ayudar a desalojar a tiempo a las miles de personas que viven en zonas de riesgo de inundaciones y deslaves.

Sin embargo las pérdidas económicas aun así serán multimillonarias y nos hundirán en una pobreza mayor a la existente. La prevención a largo plazo y la posibilidad de evitar estas tragedias humanas estriba en evitar la degradación y erosión de los suelos en las partes altas del Estado de Chiapas, en que evitemos la deforestación en los terrenos con laderas como más de 40% de inclinación, en que promovamos intensamente la asimilación de sistemas agroforestales y agrosilvopastoriles y el ecoturismo, tales que combinen la productividad para las comunidades y propietarios de la tierra con la conservación de los bosques.